José Ríos, seminarista de cuarto curso de la diócesis de Madrid, está pasando unos días en el Hospital San Juan de Dios de Zaragoza para conocer de cerca la pastoral de la salud. Séptimo y menor de siete hermanos, llega al hospital con la ilusión de aprender y dejarse sorprender por una realidad que, hasta ahora, conocía principalmente desde el estudio y la formación en el seminario.
Durante su estancia, convive con los Hermanos de San Juan de Dios y acompaña al equipo del SAER en distintas actividades, visitas y espacios de trabajo. Una experiencia que le está permitiendo descubrir el valor del acompañamiento integral de la persona y la importancia de cuidar no solo la dimensión física, sino también la psicológica, social y espiritual.
¿Cómo surge la posibilidad de venir al Hospital San Juan de Dios de Zaragoza?
En el seminario tenemos pastoral durante el curso y también en verano. Durante el curso estamos destinados a una pastoral fija. Primero hay un año propedéutico, después dos años de pastoral social —donde se incluyen hospitales, cárceles o residencias— y, a partir de ahí, la pastoral en parroquias.
Yo ya estoy en la etapa en la que normalmente se empieza a ir a parroquias, pero este verano me propusieron venir aquí. Había varios seminaristas que iban a acudir a la Fundación San José, en Madrid, pero no había espacio para todos. Fueron los propios Hermanos de San Juan de Dios quienes recomendaron al seminario esta posibilidad, porque conocían bien la realidad del hospital de Zaragoza y consideraban que podía ser una experiencia muy enriquecedora.
Mi formador me dijo que pensaba que esta pastoral podía venirme bien y que era una realidad interesante que conocer.
¿Con qué expectativas llegaste al hospital?
Sabía que iba a convivir con los Hermanos de San Juan de Dios y que estaría principalmente acompañado por el hermano José Luis Redrado, por su experiencia y conocimiento de la pastoral de la salud.
No venía con una idea cerrada de lo que me iba a encontrar. En el seminario aprendes también a dejarte sorprender, a no construir demasiadas expectativas previas. Pero sí llegué con mucha ilusión y muchas ganas de aprovechar la experiencia.
“Aquí he descubierto cómo se cuida a la persona en todas sus dimensiones.”
¿Cómo está siendo tu día a día en el hospital?
Estoy principalmente vinculado al SAER. La convivencia con los Hermanos está siendo muy importante: compartir el desayuno, las comidas, la oración o la eucaristía permite conocer de cerca su forma de vivir y su carisma.
Estoy aprendiendo mucho de ellos, tanto de la historia de la Orden como de su manera de entender el cuidado de las personas. También he tenido ocasión de conocer mejor la evolución de la pastoral de la salud, tanto en España como en la Iglesia universal.
Por las mañanas he ido descubriendo el hospital, las distintas unidades, los profesionales y las personas a las que se atiende. He acompañado en algunas visitas a planta y también he podido participar en reuniones de trabajo, que me han permitido ver cómo se coordina la atención a los pacientes.
¿Qué te ha llamado más la atención de la pastoral de la salud en el hospital?
Me ha sorprendido especialmente la amplitud de la atención que se ofrece. Mi idea previa era mucho más simple: hospital y capellán. Sin embargo, aquí he descubierto claramente la atención a las distintas dimensiones de la persona: la física o médica, la psicológica, la social y la espiritual.
La dimensión social me ha llamado mucho la atención, porque no era consciente de que se trabajara tanto desde el propio hospital. Ver cómo se coordina todo el equipo para buscar el bien del paciente ha sido una de las experiencias que más me ha interesado.
“La gran novedad para mí ha sido ver la atención integral al paciente.”
¿Has podido tener contacto directo con pacientes y familias?
He acompañado en algunas visitas y también en la administración de la unción de enfermos. No he tenido muchas conversaciones largas con pacientes o familiares, porque hay situaciones muy delicadas y es necesario respetar los tiempos y la intimidad de cada persona.
Pero sí he conocido lo que el hermano Redrado llama la “pastoral del pasillo”: saludar, interesarse, preguntar cómo se encuentran, crear cercanía. Son gestos sencillos, pero muy importantes.
También he podido ver cómo se trabaja en equipo en casos complejos y cómo se intenta atender a cada persona desde todas sus necesidades.
¿Qué te llevas de esta experiencia?
Me llevo muchas cosas para seguir formando y reflexionando. Hay temas que en el seminario estudias de una manera más teórica o abstracta, pero aquí se hacen cotidianos.
Esta experiencia me ha ayudado a aterrizar cuestiones relacionadas con el sufrimiento, el final de la vida, el acompañamiento a las familias o la toma de decisiones complejas. He podido ver que no se trata solo de aplicar unos criterios, sino de buscar siempre el bien integral de la persona.
No me llevo una conclusión cerrada, porque tampoco se trata de eso. Pero sí me llevo muchas preguntas, muchas realidades concretas y un campo nuevo que hasta ahora desconocía casi por completo.








